Mamá, no quiero ser madre

La maternidad vista desde otra generación

Para una mujer como yo, con seis hijos, escuchar esta frase no es fácil. Mucho menos cuando viene de una hija. Lo primero que pensé fue: ¿acaso se podía elegir? Crecí creyendo que la maternidad era algo obligatorio, casi automático. Nadie me habló de opciones, de decisiones conscientes, de decir sí o decir no. ¿Por qué nadie me lo dijo?

Vengo de una familia numerosa. Soy la menor de cinco hijos y, en total, tengo diecisiete hermanos. Entre nosotros siempre existió una especie de competencia no declarada sobre quién tenía más hijos. Un hermano que se respetara debía tener, al menos, cinco. Así que, cuando me tocó a mí, ser madre fue una decisión que nunca cuestioné; simplemente sucedió.

Pero hoy, al escuchar a mi hija decir que no quiere ser madre, me pregunto qué se dice en un momento así. Incluso un simple “¿por qué?” me parece absurdo. Si soy honesta, ella tiene razones de sobra para pensar de esa manera. Ha crecido viendo a sus hermanos pequeños atravesar enfermedades, hospitales, mudanzas, peleas, divorcios y cambios constantes. ¿Cómo decirle que todo estará bien si ni siquiera yo estoy completamente segura de que sea cierto?

En mi caso, me enteré demasiado tarde de que podía decir “no quiero ser madre”. Ya era un camino recorrido. Hoy, conociendo a mis hijos, puedo decir que ser madre ha sido lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Y sí, lo haría una y otra vez. Sin embargo, si hubiese tenido la oportunidad de planificarlo mejor, quizá me replantearía tener tantos hijos. No lo digo por mí, lo digo por ellos. Me habría gustado poder darles de todo, incluido algo que no siempre pude ofrecerles: más de mi tiempo.

Los juguetes se rompieron, la ropa se dañó y muchas cosas materiales se perdieron en el camino. Al final, ¿con qué nos quedamos? ¿Alguna vez les has preguntado a tus hijos qué recuerdan de su infancia o cómo les hubiese gustado vivirla? Si no lo has hecho, te invito a que lo hagas. Haz el ejercicio. Estoy segura de que sus respuestas te sorprenderán. Yo pasé gran parte de mi vida trabajando para darles todo lo material, y hoy me pregunto si realmente hice lo correcto.

A veces pienso: ¿y si existiera un manual para la maternidad? Creo que la gran mayoría de nosotras, cuando llegamos a los famosos ta, comenzamos a reflexionar sobre todo lo que habríamos hecho diferente. Sobre lo que dimos, lo que faltó y lo que hoy entendemos con más claridad.

A los jóvenes que hoy piensan en reclamarle a sus padres, solo les diré esto: recuerden que ellos quizá tenían tu edad cuando los trajeron al mundo. Y, como ocurre con todo lo nuevo, se aprende a base de errores. Aunque suene a cliché, es verdad: lo material no compra la felicidad. El tiempo no se puede recuperar y, al final, lo único que queda son los momentos compartidos. Esos son los recuerdos que realmente importan.

Tal vez no exista una sola forma correcta de ser madre, como tampoco existe un único camino para vivir. Hoy entiendo que amar también es permitir que nuestros hijos elijan su propia historia, incluso cuando esa historia no se parece a la nuestra.

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